lunes, 15 de octubre de 2012

"Surmas: El tiempo detenido"


Hace muchos miles de años en un lugar al sudoeste de Etiopía, cercano a la frontera entre Kenia y Sudán habitaba una tribu seminómada, los Surmas, un pueblo altivo, de gran dignidad y sentido del honor.

Su día a día transcurría entre el pastoreo de grandes rebaños de ganado en el valle del Omo y el cultivo de cereales, sorgo y maíz principalmente, aunque también eran recolectores de miel.

Cubrían sus cuerpos con pinturas y adornos que paseaban por las llanuras cubiertas de hierba. Dibujos corporales, ornamentos elaborados con ramas y hojas o escarificaciones, que utilizaban como elemento intimidatorio hacia otros grupos étnicos enemigos.

Ellos muestran diversos trazados geométricos. Pintan todo su cuerpo con tiza blanca mezclada con agua, a veces mezcladas con ocre u otros tintes obtenidos de la tierra, luego, con las yemas de los dedos van retirando partes de esa pintura creando líneas serpenteantes, horizontales, verticales, formas redondas y planos diagonales.
 

Ellas, a la edad de veinte años, agujerean su labio inferior para colocar un platillo de arcilla cocida, calabaza o madera, que con el tiempo, van cambiando por platillos cada vez mayores; cuanto mayor sea este platillo, mayor será la dote que tendrá la oportunidad de pedir, consistente generalmente en cabezas de ganado.


Entre noviembre y febrero, los jóvenes Suri practican el Donga, un tipo de lucha ritual con largas varas, “Donga”, en el que se juegan el prestigio de su comunidad y la posibilidad de celebrar un buen casamiento.
 
 

En realidad, siguen allí, en esas tierras. Como vestigios de un ayer no tan lejano.
Si tuvieras la oportunidad de viajar hasta el sur del país podrías encontrarlos, y reencontrarte con tus ancestros.
No han perdido el color de sus gestos, pero éstos se mantienen como tradición, perdiendo en cierta forma su sentido original.
Ahora son muchas las jóvenes que se oponen a deformarse el rostro con la perforación de su labio o de sus orejas, pero en la mayoría de los casos ceden por la presión que el grupo ejerce sobre ellas.
La guerra civil en Sudán, ha originado problemas para el pastoreo, lo que unido a la facilidad para la adquisición de armas automáticas ha aumentado la violencia en el territorio, lo que hace que una sinestesia se apodere de nosotros en ese momento, al observar la belleza atávica de sus gentes portando la frialdad de un objeto de destrucción y muerte.



En la sala se ven miradas de asombro, no carentes de etnocentrismo.

Salgo a la calle y al mirar a mi alrededor descubro bajo las ropas convencionales de la gente dibujos y marcas en su piel, algunos me sorprenden rastreando las huellas de un pasado que quizá esté ahí, dispuesto a ser desenmascarado.

 

*Alicia Núñez “Surmas: El tiempo detenido” Casa de la Provincia de Sevilla. Exposición organizada por la Fundación Unicaja, con la colaboración de la Diputación de Sevilla.

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