Hay que ver cómo nos empeñamos en mostrar la diferencia, lo llevamos
en los genes, estoy segura, no hay más que ver a los pre púberes con toda clase
de aparejos en su anatomía o con combinaciones extraordinarias de atuendos para
ocultar o para enseñar, que de todo hay.
La idea, ser diferentes.
Y con esa misma idea jugamos cuando creemos que somos adultos, en
algunos se pierden o se suavizan las diferencias externas, pero se mantienen, y
en algunos se agudiza, la idea de identidad cultural.
La desemejanza que en su naturaleza abriga la inclusión es
enriquecedora e incluso diría que deseable. Como la que muestra el Museo
Memoria de Andalucía, dedicado a mostrar el pasado y el presente de la
Comunidad Andaluza.
La conservación del patrimonio material e inmaterial de cualquier
pueblo empieza por el conocimiento del
mismo, y eso es lo que pretende este espacio. Ser un ente parlante, vivo y dinámico, que nos cuente a
propios y extraños lo que fue y lo que es esta tierra, para primero amarla y
después protegerla, potenciarla, conservarla y recuperarla. Y se dirige
especialmente a los que acarician el germen de la disconformidad, a esos
jóvenes que serán los transmisores del futuro de cualquier civilización.
Me sorprendió la forma, más que el fondo, he de reconocerlo. El Museo
hace uso de los últimos recursos tecnológicos para atraer a ese público joven y
cada vez más difícil de enganchar a algo que no sea digital.
El silencio clamoroso del edificio es rotundo en su expresión y es la
muestra de lo que quiere ser Andalucía, avanzando hacia el futuro sin perder la
visión de su pasado. De ahí las continúas referencias del edificio con
elementos patrimoniales de la ciudad.
Su patio central hace clara referencia tanto en su tipología como en
sus dimensiones al patio circular de Carlos V en la Alhambra, de Pedro Machuca, que
nos habla de la belleza de un patio
abierto al cielo de Granada.
Alberto Campo Baeza plantea un dialogo permanente con su anterior
edificio de Caja Granada, con iguales reminiscencias a elementos iconográficos
de la ciudad, en este caso el interior de la Catedral granadina, transmitiendo
igual rotundidad y belleza.
Nunca el hormigón tuvo tanto esplendor. Si no me creéis, id y luego contadme.
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