viernes, 18 de marzo de 2011

Sin destino

“Yo había vivido un destino determinado; no era ése mi destino, pero lo había vivido”.

Eleutheria frente a Némesis. Si existe el destino no puede existir la libertad. Si existe la libertad, entonces, no puede existir el destino, por lo tanto, nosotros mismos somos nuestro propio destino.

Quisiéramos desprendernos de la mano de György, pero es imposible, el viaje ha comenzado, ya no hay vuelta atrás.
Y sentimos su  ruptura brutal con la realidad como un mal sueño. Primero el desconocimiento, o la inocencia, o quizás el pensamiento empirista que hace que creamos que el sol siempre saldrá mañana. Un espíritu que concibe tan distinta y tan fácilmente ésto como si fuera conforme a la realidad; sin embargo, cada hecho, siempre es posible.
Y entonces,  el miedo se agarra fuerte a nuestras articulaciones y observamos, intentando poner en orden el caos.
Ovidio, en su obra "Las metamorfosis", describió el Caos como “una masa bastante cruda e indigesta, un bulto sin vida, informe y sin bordes”, pronto nos daremos cuenta de que seremos parte de ese caos.

Lo antinatural se convierte en natural y ya no hay nombres, ni caras, sólo números. Y buscamos en cada rincón un asidero a la esperanza, en un gesto, en la comida del día, en el agua.
Las heridas del cuerpo no duelen tanto como las que se quedan permanentemente en nuestro recuerdo.
Ocupar cada instante, momento por momento, hora por hora, día por día.
Y asentados en la nada más absoluta, de repente, la tuerca se afloja, la jaula se rompe, y algo se relaja en nuestro interior y volvemos a pensar seriamente en la libertad.
 
Ahora se trata de nuevo de la vida, hay que seguir viviéndola. Tú también te descubrirías así, aceptando cualquier argumento con tal de poder seguir viviendo. Esperando que en cualquier recodo, casi como una trampa inevitable, nos aguarde la felicidad.
 
 La gente con la que nos cruzamos creen entender, pero no es así, algunos incluso no quieren escuchar la verdad, otros quieren convertirla en anécdota.
 
No miremos a otro lado, la destrucción del otro, del diferente, está en nuestro mundo hoy, ahora, porque todos los horrores, los abusos, las matanzas indiscriminadas, son un Holocausto.
 
Tal y como afirma Kertész, jamás podremos asimilar el Holocausto hasta que no seamos conscientes de que aquellos nazis que apuntaban a la cabeza de los judíos podríamos ser cualquiera de nosotros, pero de la misma forma, cualquiera de nosotros podríamos ser aquel judío.




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