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lunes, 3 de febrero de 2014

REDENCIÓN




 
Viniste para salvarme
de las espinas que coronan esta vida,
para que el desasosiego inútil se
transfigure en experiencia vívida.



Me encontrarás desarmada,
sentada en el camino
escuchando tus pasos.

 
No puedo asegurarte nada,
pues nada se cierto.


Soy un suspiro contenido
en agitado vaivén de dudas, llantos y olvidos.
Solicitado vagón que calma respiraciones
e intenta inutilmente llegar rápido a algún destino.

martes, 21 de enero de 2014

Tu, Yo


Me veo tan chiquita

que casi no sé  cómo tenerte.

Doble Tú.

Doble Yo.

Yo en cachitos.

Miradas del Yo.

Yo a veces.

Yo hasta cuándo.

Cuestionando el Yo.

Yo o no Yo.

Tú o Yo.

sábado, 9 de abril de 2011

La oscuridad del día



Se me va el último resuello del día fugitivo
en la penúltima lágrima del sol,
y los sonoros ecos de la tarde murmuran
preludios de ausencias divagantes.

En la llama oscurecida de los campos
donde alumbran los alientos
de los pueblos, me escapo moribundo y
herido de muerte.

Se escuchan los sueños de las almas
que migran en otras sus
pensamientos y el mundo, en un
todo confuso, pliega al árbol de la vida
sus deseos.

Ya calman las aves sus aleteo y
se asilan en sus mantas
de paja y heno, al tiempo que
los párpados se duermen y una
luz violeta y rosácea arropa los
quehaceres rutinarios y nos
abandona al universal imaginario.

María López Castaño


viernes, 4 de febrero de 2011

Una suave cadencia

Es difícil definirla, y si te preguntara, la confusa línea que la separa del pesimismo nos alejaría de ella y dejaría de definir sus contornos como el pincel que modela la Virgen del Magnificat de Botticelli y su expresión lánguida y abstraída en su emoción.

Crecemos de la mano de pálidas y ojerosas princesas de extraña e inquietante belleza. Fuimos víctimas de canciones impregnadas de torturadores sueños. Disfrutamos de un cine asaltado por visiones y sombras. De un teatro que nos captura en la obsesión ante el transcurso del tiempo, la fragilidad, la vulnerabilidad, la ilusión y lo imprevisible de la experiencia humana. Y, por último, la Poesía como conexión inevitable a esta lívida dama.

En la soledad de la noche,
cuando apenas hay llamas encendidas,
bajo los auspicios de la nueva mañana
me rehúyes, alondra nocturna, impenitente.

Me quedo inmóvil en tu mirada,
voluble esperanto de pueblos sin nombre,
y espero el canto que ilumine el día,
que grite y que rompa la tristeza mía.

Diluida en abanicos de fuego,
te bañas pinturera y predicas sermones.
Cansada te espero.

Ya no quiebran voces, ni suspira el llanto,
Sosegada el ánima, se brinda, se ofrece,
dulce anestesia de melancolía.

María López Castaño